El secreto de educar

Jun 6th, 2013 | Por | Categoria: Portada

El secreto de educar

Qué bonito y tranquilizador sería para ese padre ó madre primerizo/a, que su querido e idolatrado hijo, hubiera venido con un manual de instrucciones bajo el brazo de cómo educarlo, quererlo, mimarlo, y no morir en el intento.

A fin de cuentas esta es la ardua tarea con la que nos encontramos los educadores cada mañana en nuestro trabajo. Al igual que al padre o madre primeriza, a los educadores/as nos gustaría contar con ese manual que diera respuesta a la infinidad de situaciones, decisiones, conversaciones, miradas, gestos, detalles, aclaraciones, agresiones, intimidaciones, amenazas, explicaciones, silencios… que diariamente se producen en nuestra labor educativa. Todo esto agravado con el hecho de que la capacidad de respuesta que tenemos ante estas situaciones es la de los minutos que el tiempo de clase permite, siempre con la desazón ó amargura de preguntarnos si habremos acertado.

Los grandes eruditos en educación han intentado mitigar esta situación de indefensión a la que se enfrentan cada mañana los educadores cuando empiezan su jornada de trabajo. Se han escrito miles de manuales, libros, programas o estudios científicos con líneas maestras que ayuden al educador en su tarea. Pero el principio de la individualización los desecha, los tira por tierra, ya que un método puede dar muy buenos resultados con un alumno/a y sin embargo resultar inútil -o incluso nocivo- para otro/a; puede funcionarte muy bien un día, y al siguiente, sin saber muy bien por qué, no hacer ningún efecto (trabajamos con personas no con autómatas).

Esta reflexión pretende hacer hincapié en la persona que educa, en su formación, en su talante, en su tono vital, “en su duende”: no todas las personas, por muy buenos que sean para determinadas tareas, sirven para educar. Se puede ser un gran especialista en ciertos temas y luego no tener la capacidad de trasmitir y conectar con el alumnado. La experiencia es verdad que ayuda, te da poso, empaque, sabiduría y sobre todo coherencia, pero no es el sostén único que garantiza la certeza (y, en cualquier caso, no olvidemos nunca la importancia de reciclarnos).

Cada educador en el ejercicio de su profesión, es escrutado al milímetro por sus alumnos, lo que requiere por su parte una responsabilidad y un buen hacer, dando lo mejor de cada uno de nosotros mismos en la faceta educadora. Igualmente toda la comunidad educativa debe trabajar en la misma dirección, no vaya a ser que lo que tejemos por un lado se deshilache por el otro.

Hay que tener ese “duende,” ese felino que te conecta con el resto de tus alumnos/as y que hace posible el secreto y a su vez la grandeza de educar.

Luis Gutiérrez Rebollo
Profesor Formación Básica
Centro de Formación Para Jóvenes con Inteligencia Límite SERPI

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