Trabajo y Política Social

May 2nd, 2012 | Por | Categoria: Acción Social, Portada

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El Trabajo Social nació como una actividad filantrópica, para atender a los pobres, y consistía en una mezcla de asistencia, control y represión. En sus inicios sus preocupaciones “científicas” eran limitadas y se ceñían a cómo mejorar la organización de la caridad. Sólo posteriormente aparecerían como necesidades de la disciplina el conocimiento de la realidad social y la profesionalización de la asistencia y la formación. Una vez reconocido como profesión, el Trabajo Social adquiere como finalidad la mejora de las condiciones de vida de una clase obrera a la que se le reconocen ciertos derechos, pero siempre dentro de una lógica social que no cuestionaba las mismas situaciones de enorme desigualdad que generaba. Ya entrados en el siglo XX, el Trabajo Social inicia su desarrollo definitivo como profesión y disciplina y se le da un contenido teórico y sistemático. Será, sobre todo, con la consolidación del Estado de bienestar cuando tenga la ocasión de profundizar en sí mismo y desarrollarse.

En la actualidad el trabajo social, en su práctica, tiene que enfrentarse a las consecuencias de la crisis provocada por el neoliberalismo político y económico y al progresivo desmantelamiento del Estado de bienestar y, por consiguiente, a una creciente exclusión social. En este contexto, las políticas sociales se concretan en el desarrollo de programas para mejorar la subsistencia y el bienestar de la población. Las trabajadoras y trabajadores sociales como profesionales trabajan en la articulación de dichos programas. Como resultado de ello una gran parte de los trabajadores sociales que han accedido al mercado de trabajo lo han hecho a través de las administraciones públicas que desarrollan estos programas. Ahora bien, si estas políticas sociales están concebidas bajo unos valores y referentes ideológicos muy determinados quizás puedan entrar en colisión con los propios del Trabajo social y puede ser que se dé incompatibilidad de concepciones entre la profesión y la política que la institución desarrolla.

Estos valores y referentes ideológicos de los que debe apropiarse el Trabajo Social, en nuestra opinión (la del Trabajo Social realizado desde Fundación Picarral, nuestra política social), pasan por lograr la igualdad entre todos los ciudadanos y ciudadanas. Desde el punto de vista político, esto significa lograr la participación en el sistema: por medio de la inclusión. Y desde el punto de vista económico, la solución pasa por la cobertura de las necesidades que producen la desigualdad. Y sin embargo, en dirección opuesta a la que nos dirigen las palabras anteriores, la óptica económica de la escasez de recursos del estado prioriza el desarrollo de acciones que resuelven situaciones que son problemáticas: pero para la propia administración.

De esta manera, la profesión se ve atrapada por contradicciones y paradojas, y se sitúa en un contexto social donde se concibe el Trabajo Social como un instrumento de control tal y como fue concebido en sus orígenes: si la sociedad global del siglo XXI imprime una nueva lógica para las políticas sociales, no es tanto porque se hayan superado las necesidades pendientes en el ámbito del Trabajo Social, sino porque, más bien, el estado se ha dotado de roles nuevos que sirven de marco para propiciar y sustentar los nuevos estilos de control social.

Un importante alivio en este panorama nos lo encontramos en el contexto de una acción social no focalizada exclusivamente en las administraciones públicas. Existe una amplia red de entidades privadas sin ánimo de lucro cuya misión es la inserción social y es aquí, habitualmente, donde la trabajadora o el trabajador social encuentra el paraguas que da sentido a su actuación. Esto puede ser así porque dicha actuación se basa, en este contexto, en un rol diferente, un rol legitimado en un marco ético-político que adopta, a su vez, diferentes modalidades de intervención: de acuerdo a su posicionamiento político-ideológico, a la proactividad o interactividad de su participación, y del grado y calidad del compromiso social. Este modelo, el modelo que defendemos desde la práctica de nuestra política social, apunta a la construcción de la igualdad de posibilidades y a la promoción de todo ser humano. Y se trata, sobre todo, de un modelo donde una actitud crítica no sólo se consiente: se exige.

Rosa Rocatallada
Trabajadora Social de Fundación Picarral

 

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Nota bibliográfica

Se han consultado las siguientes fuentes:

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